Dos “tías xulísimas” arrancan su nueva temporada para volver a reunirse con sus amigas
Las humoristas Carmen Orellana y Olga Mata vuelven con su show de improvisación al Gallo Rojo, que registró un ambiente de lleno absoluto
La vuelta de las vacaciones es siempre una buena excusa para reencontrarse con las amigas y contarse qué ha sido de cada una en las últimas semanas. Entretanto, se cuelan experiencias de cuando íbamos al colegio, alguna primera cita intentando salvar el amor de verano o anécdotas que serán recordadas como parte del peor viaje de nuestra historia.
Todo eso, que a veces se alarga hasta las tantas, es lo que Carmen Orellana y Olga Mata consiguen concentrar en algo más de hora y media con su show de improvisación “Somos Xulísimas”. Y tanto que lo son.
Con la hora de inicio fijada a las 12:30 horas de un domingo, citan a sus amigas en el Gallo Rojo, un espacio dedicado a la cultura en la calle Madre María Purísima de la Cruz, en la esquina con la calle Amparo. En su caso, utilizan el método de “taquilla inversa”, la entrada es libre y el aporte se realiza al final con lo que cada quien considere.
No saben ni dónde colocarnos de la gente que hay cuando llegamos diez minutos antes del horario estipulado. Pero eso no es problema, pues a todo el mundo consiguen sacarle su hueco en el local. De hecho, las protagonistas comparten su propia sorpresa por la cantidad de gente que hay y prorrogan el arranque del espectáculo unos minutos. Por la música, los primeros chistes y el ambiente, realmente parece que ya ha empezado.
Agarran el micrófono con ganas durante el “pre-show”, como así lo denominan, aunque toda la reunión la hacen a viva voz. Definen el espectáculo como una “experiencia religiosa”, más como la de Enrique Iglesias y no como la misa de los domingos. También amenizan la espera con “Yo quiero bailar” de Sonia y Selena en una colaboración especial con Olga y se convierte en aliciente para elevar el ánimo del público, que no decae en ningún momento.
La reunión
Una vez arranca, todo va rodado. Las interacciones con el público son constantes y casi imprescindibles para que funcione. Empiezan por saber quiénes ejercen de profesoras en la sala y cómo va la vuelta al colegio tras el parón de verano. Luego, se dirige a las madres, y es que en la sala había varios niños y niñas acompañados de ellas. Rememoran así las largas listas de material escolar que piden desde los colegios, que parece que en vez de ir a un “CEIP” cualquiera, van al “liceo de las artes de París”.
No falta lugar para actualizar las últimas batallitas con amigas o ligues de dudosa procedencia. Y es que criticar es parte de este encuentro, esencial para Carmen, confiesa antes de empezar. Mientras, a Olga le sobran historias personales, reconozco, muy divertidas. Entre un encontronazo con una amiga y “la última cita” que ha tenido, la sala no deja de reír entre las anécdotas reales y los sueños que produce su cabeza. Y es que en todo momento se siente como si una amiga de toda la vida te lo estuviese contando.
En estos tiempos que corren, donde la política está hasta en la sopa, cuenta cómo ha quedado con un chico con el que difiere en ideología política. Sin embargo, el “punto de inflexión” de la cita no fueron Palestina o Ceuta, sino si él sería capaz de poner el primer apellido de ella a su posible hijo futuro. “Hay que hablar de los hijos en la primera cita”, manifiesta Carmen Orellana porque “después lleváis cuatro años” y llegan las sorpresas.
Antes de comenzar, las protagonistas han repartido un pequeño papel donde piden escribir una anécdota de algún viaje pasado. Llegado el momento, ya en la segunda mitad del show, sacan varios y los leen en voz alta. Entre campings y el Ebro, la palma se la lleva la deportación de una pareja de Bali. Cada uno tiene su espacio para contar qué ocurrió y reírnos en compañía. Porque entonces, las historias trascienden a un “nosotras” como si nos conociéramos de siempre.
Saltándome la barrera de la impersonalidad, para mí la mejor parte fue la improvisación final. Con los detalles que la pareja de Bali había aportado, recrearon la escena de una forma muy entretenida que cerró el show por todo lo alto. Solo queda esperar a que las lentejas no se quemen.
Así, consiguen el balance perfecto entre su improvisación y un público que se entrega a ello gracias al carácter distendido y familiar, en su faceta de amigas de toda la vida, que se genera incluso desde antes de arrancar. Ellas hacen de todo: te acomodan, te piden ayuda para el show, cantan, bailan, hacen el pre-show, el show y, por supuesto, también hacen de amigas. Sin esto último, nada tendría sentido y es el hilo que conduce a todas a estar allí.
En el mismo lugar, el Gallo Rojo, pero en el mes de octubre, han anunciado que volverán con el segundo pase de esta temporada.